¡La moto es un peligro!, gritó mi mamá cuando traje por primera vez, ese tan anhelado vehículo a la cochera de mi casa.
Era el año 2011, y luego de comprar mi primera motocicleta, y de guardarla secretamente en la sala comedor, de una amiga, por el plazo de 5 meses; mientras tanteaba y aplanaba el terreno emocional de mis padres, y de forma progresiva, les comunicaba que al fin...después de años y años de pensar en esas dos ruedas, yo era ahora, el orgulloso dueño, de un modelito Honda; cuando recibí un conjunto de comentarios desfavorables respecto a mi decisión:
- ¡Habrás traído también tu cajón, no!
- ¡Cuando te pase algo, te quedarás sólo en el hospital...a mí ni me llames!
- ¡Eso es una muerte segura!
- ¡Véndela inmediatamente!
...y etc.3
Y así pasó la recepción de este "gran vehículo". Para mí, eran sólo palabras de padres preocupados, pues yo había empezado a conducir moto, cuando tenía 11 años de edad y desde que me subí en ese aparato... iniciamos una relación que mantendríamos por siempre. Es más, aun tengo en mi memoria, imágenes muy claras, cuando cogía la antigua lustradora Lux, de la casa de mi abuelita, cogía una silla de la cocina, la colocaba en el patio atrás de la lustradora y jugaba con los mangos, imaginándome que estaba recorriendo una gran carretera, en un motor bi-cilíndrico de por lo menos, 1200 cc.
La verdad, yo no ví riesgo alguno. La moto no mordía, no lanzaba veneno, no era un depredador ponzoñoso; era tan sólo un vehículo menor, que me transportaba a clases, de ida y vuelta; a la exuberante velocidad de 45 Km, que para mí era suficiente; aunque en el tacómetro indicaba, que podía llegar a 140. Tiempo después comprobé que ese dato era falso, pues tenía un limitador de velocidad, que hacía llegar al motor, hasta 110.
Pero era toda una nueva experiencia de libertad, y de atracción también, ¡quien diría que no!, al fin y al cabo, a las mujeres les atrae los chicos con motos... Tiempo después comprobé que este dato, también era falso, pues hubiera necesitado una DUCATI, de 600 cc, como mínimo y no una humilde 150, fabricada en la India.
Sin embargo, seguía sin entender, el por qué de los comentarios de mis padres. La moto no es un peligro, muchas veces me dije; hasta que en una de esas oportunidades, dónde pensamos en voz alta, la sabia experiencia de mi madre, me respondió:
"Así es, la moto no es un peligro... pero la gente que maneja los autos, y los taxis, y las combis y los buses y las bicicletas y los skates y todo lo que pueda andar por la pista...SI!"
Entonces pude reflexionar y luego de examinar a detalle, las probabilidades de certeza, de dicha enunciación, concluí que era cierto.
Una muestra de ello, la obtuve de manera impactante, el día de ayer; cuando alrededor de las 11 00 am, y encontrándome en la panadería Belgravia, de Lince; pude ser testigo, de cómo la indiferencia, el "no pasa nada ...onnn", "ya piña que se aguante...", o el muchisimo más peruano "pshhhh huevón... pera... pezzz"; dejó a un motociclista tirado en medio de una esquina, una honda CB 110, dañada; y a un taxista, que según él... la culpa fue "pe" de la moto...jefe...
El taxista dobló a la izquierda, pero nunca se percató, o no le interesó que el motociclista, que iba a su lado; seguiría de frente. Y así sucedió. Gente reunida alrededor del accidentado, ambulancias que llegaron 30 minutos después, un hombre boca arriba en la pista, y un taxista hierático, pensando probablemente que ya perdió su día de chamba.
Mi mamá tenía razón. La motocicleta no te hace daño; es la irresponsabilidad, desconsideración y falta de respeto de los demás, lo que convierte a este vehículo en una suerte de juego de azar.
Gracias a Dios, no me he enfrentado a ninguna de estas circunstancias.
Quizás por precaución o porque suelo manejar, siempre por la derecha, o porque sé que tengo las de perder, si me pongo "salsa" y trato de averiguar quien gana, si compito con otro vehículo, aún así esté en mi derecho; o quizás porque muy en el fondo; reconozco que para estos "choferes", y en concordancia con la tendencia nacional, de nuestro retrocedido país; la vida del "otro", vale cada día menos; pues antes valía un monto millonario; una joya; un auto. Pero ahora vale un celular 3G, una billetera con cien soles... y ¿por qué no?... el ganar simplemente, una luz roja.
*Anexo:
Lo que pueden observar en la última fotografía, es lo que quedó del casco....
Menos mal que tuvo el buen tino, de usar uno.



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