jueves, 11 de junio de 2015

Todo es por algo

Es un poco complicado escribir sobre algo que ocurre en mi ruta cuando una vive a 10 minutos de Isil.

Los Miércoles mis clases acaban a las 6:35 p.m., pero siempre salimos una hora antes. Ayer fue la excepción en todo el ciclo. La clase tomó más tiempo que nunca, supongo que el destino quería que volviera a escribir algo aquí, ya que solo tengo una publicación.

Como era de esperarse, los micros pasaban con la gente colgando en la puerta; yo ya estaba pensando en ir caminando a mi casa, hasta que pasó uno vació, y como nunca... CORRÍ.

Lo primero que hice fue divisar los asientos disponibles (siempre suelo sentarme detrás del conductor para bajar rápido y no tener que tocar a tantas personas en ese mar de gente). Para mi buena suerte, conseguí un asiento atrás del copiloto, de esos que están en posición vertical -como se aprecia en la foto-.

Todo estaba bien, hasta que el carro dejó de avanzar... ¿Qué había pasado? Hasta ahora no lo sé, pero el cobrador rápidamente siguió unas indicaciones del chofer y rápidamente destapó el motor del carro (que recién me entero que algunos motores se encuentran dentro del vehículo) y procedió a hacer sus cosas de "cobrador-mecánico" hasta que el micro se puso en marcha de nuevo.

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